Desde hace unos días me he instalado un podómetro en el teléfono. Es un programa que te mide los pasos y así sabes distancia recorrida, número de pasos, etc. Está bien. Anima. Te va dando un montón de logros y objetivos que, una vez cumplidos, premia con… anuncios y ofertas de cosas que maldita la falta que te hacen. Si pagas no hay anuncios… pero de momento no voy a pagar.

El caso es que desde que lo instalé los paseos no son igual. El programita interpone una capa de números al mundo. Se acabaron los paseos «naturales», donde la relación entre yo y el mundo era mucho más espontánea y directa. Ahora diseño recorridos, me planteo si volver por aquí o por allá para aumentar los numeritos del programa. No es que sea peor, sigo abriendo los ojos a todo lo que me gusta o sorprende. Sigo encontrando frases e ideas para poemas o lo que sea. Pero no es lo mismo.

Día nublado y ventoso. Sobre un tejado veo un ciervo enfrentando el viento.

No me malinterpretéis, no me quejo. Está bien y, de momento me ayuda. Quizá en algún momento me sienta orgulloso y quizá en algún momento ponga aquí los numeritos, si es que tiene algún interés. Quizá también me harte y lo desinstale, al fin y al cabo soy nuevo en este deporte del paseíto cotidiano.