Lo mejor del día no ha sido el manto de luz que esparces sobre el mundo, ni la dignidad de existir que su reflexión da a la más pequeña partícula flotando en el aire. Lo mejor del día no ha estado en el ansia con que cada planta te busca ni en el entramado de sombras que dibujan sobre el camino.

Lo mejor del día ha sido el monólogo silencioso entre los dos. Tú ofreciendo tu tibieza sobre mi rostro alzado y yo ofreciendo el respeto de mis ojos cerrados.