Mañana soleada en la que he tardado en decidirme a dar el paseo. Ciertas cosas que me ocurrieron ayer me hacen preguntarme si vale la pena el esfuerzo. Alzo los ojos al cielo antes de salir y veo….

Incógnita

… que el cielo me devuelve la pregunta como si los dioses dijeran ¿Y nosotros qué coño sabemos?

Sin embargo, al regreso, una vez tonificado y vivificado por el paseíto alzo la vista otra vez llegando a casa y el cielo me recompensa

En el centro, un divino ramo de flores

con un ramito de etéreas flores de victoria. Por desgracia la imagen que mi móvil capta no le hace justicia. Ampliad y en el centro de la foto lo podréis ver. La diferencia entre el tamaño de la pregunta y el de la recompensa también tiene su propia moraleja que ahora no voy a explorar, solo diré que los dioses tienen su propia manera de hablarnos.

Resumiendo: Voy por los caminos hablando con los Dioses… y me contestan ¿Alguien pude superarlo?