La prueba de que me mola esto de las letras la tenéis aquí, en el blog. Nadie da la paliza a sus congéneres como lo hago yo durante tantos años sin sentir un poco ese veneno de la palabra escrita.
Todo aquél que escribe aspira a publicar un libro, al menos, una vez en la vida. Lo del hijo voy sobrado con tres y lo del árbol se lo dejo al pelanas de bricomanía, que uno no puede estar en todo.

Pues eso, resulta que a lo largo de los años, desde que era adolescente, en los insomnios, los días tontos y algún que otro hecho vital importante, me refugiaba en las palabras. Al principio, en esa edad en la que intentas reafirmar tu existencia ante todo, en el formato de diario pero aquello acabó aburriéndome muchísimo hasta que una noche gloriosa, después de haber leído mi primera novela del detective Pepe Carbalho de Vazquez Montalbán y ayudado por unas copichuelas de Torres 10, realicé mi primer íntimo auto de fé y todas aquellas libretas fueron a la chimenea… ¡Cómo se resistían a arder las jodías! Me pasé no sé cuántas horas removiendo los papeles a medio quemar hasta que todo fue ceniza. No podía dejarlo a medio quemar sin tener que dar cuentas al día siguiente… claro.

Ok, el formato no valía. Aún no existían los blogs ni la internet, si a eso vamos, por lo que empecé a hacer mis pinitos en la poesía. Armado de mi valiente ignorancia comencé a manchar papeles montando poemas, la mayoría de los cuales y por suerte para la humanidad alfabetizada, fueron devorados por las diversas mudanzas y limpiezas a fondo.

Luego llegaron los ordenadores y con ellos la permanencia. Como profesional del gremio, nunca (bueno, casi nunca, que una vez el MS-DOS 4.1 me gastó una putada de las buenas.. pero eso es otra historia) he perdido datos y las siguientes poesías fueron almacenándose y medio olvidándose en una carpetita del disco duro.
Hace ahora un año, más o menos, mi hijo, el que tenía alma de poeta y del que ya os he hablado en alguna que otra ocasión, que se mueve en los ambientes literarios de Málaga, me llamó:

“Oye, Papá, yo sé que tienes por ahí escritas poesías y cosas ¿Te importaría pasármelas? Es que tengo curiosidad.”

Abrí mi vieja carpetita llamada “Poemas” y encontré un montón de poemas clasificados en “Viejos”, “Malos”, “Terminados” y “Nuevos”. Intenté leerlos otra vez, a ver cuál enviaba y cuál no… pero se me antojó un trabajo excesivo por cuanto cada vez que abro un poema, acabo retocándolo. Los junté todos en una carpeta, empaquetaditos en un .zip, se los envié y me olvidé del tema.

Unas semanas después me llama otra vez:

“Oye, no te enfades ni molestes, que sé que ésto era muy íntimo para ti, pero he juntado los que me han parecido mejores, los he ordenado como me ha parecido más coherente y los he enviado a la editorial con la que esporádicamente trabajo. El comité de calidad está muy interesado en publicar tu libro… por cierto le he puesto de título “Los Buenos Años”, que es un verso de uno de los poemas”.

Me quedé estupefacto. ¿Un libro?¿Yo?¿De poesía? Bueno… esto último cuadra con todo lo que hago en la vida, siempre friki y minoritario sin querer queriendo… pero ¿Un libro?¿Hay gente que piensa que hay en el mundo otra gente dispuesta a pagar un poquito por leer mis poemas? Alucinante, oiga.  Lo del título… vale. Es el primer verso de un poema especialmente íntimo en un insomnio especialmente duro tras una visita a mi padre y su alzheimer… pero vale. Mola como título.

No os aburro con la historia de los contratos, distribuciones, galeradas, etc. el tema es que para finales de verano el libro estaba maquetado y listo:  ¡Soy un autor publicado! Lo que dudo es que sea un autor leído… si ya se lee poco y de ese poco la poesía es muy poco y de ese muy poco lo que se compra es mucho menos… Si he vendido 20 libros en un año me doy por tremendamente satisfecho. Serían 20 más de lo que nunca soñe…

Venda los que venda, he hecho la promesa de donar todo lo que a mí me toque de la venta del primer año (que imagino que será toda la venta del pobrecito) a UNICEF. Que con haber publicado yo ya tengo suficiente recompensa.

En la feria del Libro de Málaga fui invitado por la editorial a firmar ejemplares. Firmé 4. Mola. Aquí me tenéis en el acto de la firma, más chulo que un San Luis.

¡Ah! Se me olvidaba, si lo queréis comprar lo tenéis en la página de la Editorial, o en Amazon , o en las webs de muchas librerías

Que lo disfrutéis.