La patética historia de la compra de mi primera moto.

Después de 30 años conduciendo, y disfrutando, ciclomotores me decido y me compro una moto… pero ¿cual? Mi afición a no salir de casa, mi tamaño y peso (120) etc, me llevan a las custom. Mi falta de presupuesto y de carnet me llevan a la Honda Shadow VTC 125. Que parece gorda pero no lo es, con la intención de que si me mola el asunto ya veremos qué hacemos en un futuro. Ahora sólo falta ver dónde y cómo me la compro.
Ojeo revistas, ojeo escaparates y, finalmente, en este www.portalmotos.com encuentro la moto con la que he soñado en un anuncio de una localidad cercana a la mía.
Otro aprendiz de motero caprichoso que se la compró, una Honda Shadow VTC 125 negra. Se dedicó a llenarla de accesorios que para eso es una custom: puños de cuero, faros auxiliares con visera, protectores, rejilla del radiador cromada, botón de refrigerante cromado, claxon cromado, respaldo, parabrisas… y cuando ya la tuvo preciosa se pasó a cilindradas mayores. Me encanta. Con ella parezco el primo de terminator.
El día que la recogí fué un tanto decepcionante. Me desplacé a la localidad donde vive este motero y entramos en el garaje donde me esperaba la que ya consideraba mi moto, toda llena de cromados y promesas.
“Toda tuya”, me dice el motero. Introduzco la llave, doy contacto, pongo punto muerto, oprimo el estárter y ….. nada. Ni un ruido, ni un amago. Nada. Lo miro, me mira.
“¡Ah! Ya sé lo que pasa”, dice. “Tienes que subir la pata que si no, no arranca. Es un sistema de seguridad”, aclara.
Subo la pata. Pulso el estarter. Nada.
“A ver. Déjame a mí” dice.
Le dejo. Repite todo lo que yo he hecho y nada. Retrocede con la moto unos metros y se pasa los siguientes diez minutos empujando y resoplando por todo el garaje intentando arrancar la moto a empujones. Nada.
Yo me siento bastante descorazonado. No podía ir peor el tema. “Mi moto” no arranca.
“Como no sea que la lavé ayer con la manguera de presión y le haya entrado agua…” dice.
Yo pienso: “Pues como cada vez que llueva se me muera….”.
“A lo mejor es la batería” sugiere.
Yo pregunto: “¿Es que no es la original?”
“Por supuesto que sí”, dice.
Yo me digo “Pues como una batería le dure ocho meses, que es lo que tiene la moto….”
“Espera, vamos por el mecánico en un momento” dice, y allá que vamos.
El mecánico anticipa que va a ser la batería. Que ha gastado más de lo que ha cargado y por eso no arranca. Viene con nosotros al garaje, pone la llave, da contacto y BRRRUUMMMM ¡Arranca a la primera!
Mi corazón sube tres palmos en la escala de VayaMierda y pregunto maravillado: “¿Qué le pasaba?”.
“Hay que darle al interruptor”, dice el mecánico.
En el puño derecho lleva un interruptor de dos posiciones, grande y rojo, que corta la energía al motor. Estaba en off.
“¡Vaya moteros que estamos hechos!”, le digo al ex propietario, que pone cara de circunstancias.
Solucionado todo, le suelto la pastarraca, hacemos papeles y, por fin, mi moto es mía.
Estoy a 60 kilómetros de mi localidad y me han traído en coche porque estoy decidido a llevármela puesta. Faltaría más. Para eso llevo toda la noche sin dormir….
Listo para partir me asalta una duda: “¿Cuantas marchas tiene?¿cinco?”, le pregunto.
“No. Cuatro. Cinco sólo tienen las más grandes”. Me contesta lleno de seguridad.
Ok y adiós muy buenas. Enfilo la carretera y vamos que nos vamos.
Primera, segunda, tercera, cuarta…. y quinta. ¿quinta? ¿No decía el ex que eran cuatro?. Hago pruebas, bajo de marcha, acelero… tercera, cuarta y quinta. No hay duda. Tiene cinco. Eso me plantea una pregunta… La moto lleva 2083 kilómetros cuando la cojo. En ese tiempo… ¿Nunca le han puesto la quinta? Creo que, efectivamente, los hay menos moteros que yo.
Me desplazo en la fantasmal quinta y disfrutando como un enano hasta mi casa donde me esperaba gente. Aquél fué mi primer viaje en moto fuera de la ciudad. Fue genial…. pero eso ya es otra historia.
Tan sólo un apunte más. Leyendo aquella tarde el manual de instrucciones de uso lo primero que me encuentro es “No lave la moto con agua a presión….”