librosAbrí hace unas semanas un hilo, una especie de encuesta tonta, en un foro de libros en que participo sobre sobre ¿Cuántas horas dedicas a la lectura? Me ha gustado mucho ir leyendo las repuestas que lejos de ser una lista de tiempos se ha convertido en un pequeño ojo de cerradura con la que espiar un poquito las vidas, las rutinas de los que contestaban porque, entre otras cosas, muchos ponían no sólo cuánto dedican al día a leer, sino también dónde lo hacen… y me surge una reflexión sobre ello:
Veo que el acto de leer se convierte en un aprovechar tiempos muertos, los desplazamientos, el momento de antes de dormir, la íntima privacidad del baño, etc. Eso está bien, es lo que todos hacemos, yo incluido, pero esa forma de leer, cuando es la única, condiciona lo que leemos y nuestros gustos.
La lectura “a pedacitos”, máxime si es mientras se hace otra cosa como ir en tren, etc. conlleva una lectura superficial. No podría ser de otra manera. Eso “pide” libros dinámicos, de acción más o menos intensa y trepidante, libros que nos dejen, al llegar a la estación, con ganas de saber qué pasa a continuación. Nada de tochos, gracias, nada de libros lentos donde el autor se recree en lo que sale de sus dedos. Necesito algo que me impacte en esa media hora, una hora, que tengo hoy para leer. Algo que me haga recordar y que me fije en la memoria el paso hacia delante que ha dado la historia.
leyendo-en-el-metroSin embargo hay otra forma de leer. Yo me pregunto ¿Nadie relee? y lo que es más ¿nadie relee despacito?
Para mí siempre ha sido un placer incluso mayor que leer una historia el releerla y sobre todo releerla, ya que sé lo que va a ocurrir, despacito, sin prisas, recreándome yo en armonía con lo que el autor quiere comulgando con él en el universo que me plantea.
Lo más rápido que se puede escribir un buen libro son unos pocos meses; el tiempo de elaboración de otros se mide en años ¿Es, acaso, posible sacarle todo el jugo, apreciar todos los detalles en las cuatro o cinco horas que tardamos en una primera lectura hecha a saltos y mezclada con otras cosas?
Yo me declaro culpable de saltarme párrafos cuando la acción se acelera o se pone intensa, buscando con ojo experimentado el oro de la acción entre la paja que el autor se empeña en cubrirlo. Mi mirada salta de un sitio a otro de la página, a veces vuelve atrás cuando se da cuenta de que se ha saltado algo importante, a veces va al final del libro para ver si tal o cual personaje sigue vivo o casado o lo que sea…
Una relectura más pausada más tranquila, íntima es una experiencia más grata para mí que la lectura inicial. Aprecias detalles, implicaciones, matices que están ahí y que pasaron desapercibidos la primera vez.
Hay libros que he leído más de cinco o seis veces, los hay que solo dos o tres, pero estad seguros que si un libro me ha gustado la primera vez, tarde o temprano lo releeré… y lo releeré despacito, acomodado en mi sillón o en el sofá, saboreando cada frase, cada descripción, haciéndolas rodar por mi boca como un caramelo de los duros, bajo una luz dorada y una música suavita de fondo, sin teléfonos ni gente cerca… A lo más, el gato en mis rodillas.